Mucho se ha escrito acerca de la obra y la vida del mercader veneciano, Marco Polo, desde que en el siglo XIII describiera su largo camino a Pekín y sus peripecias como explorador de la corte mongola del emperador Kublai Kan. Su obra, ‘El libro de las maravillas del mundo’, estimuló la imaginación medieval europea de tal manera que surgieron copias por montón de exploradores tanto legítimos como fraudulentos, por ejemplo, el ficticio Juan de Mandeville, entre otros. Incluso hoy en día, su figura nos sigue fascinando, hasta el punto que algunos todavía debaten sobre la existencia de su persona y la veracidad de sus relatos.

Ocupan, en sus crónicas, un lugar muy especial, las especias. Y es que a lo largo de su recorrido encontramos, en todo su esplendor, el milenario comercio, que, desde épocas más remotas al mercader, se había encargado de llevarlas desde el lejano Oriente hasta los países más septentrionales de Europa. Todo lo que rodeaba a las especias en la época medieval del siglo XIII, era un aura de misterio y fascinación, el cual Marco Polo descubre a la imaginación occidental describiéndolas casi siempre en el contexto de objetos de lujo, preciosos y costosos como sedas, perlas, dientes de elefante, oro, joyas y demás gemas.

Dado que durante todo el libro se hace referencia a las especias en 61 ocasiones, hacemos un resumen aquí, de la mano del mismo explorador, del papel de las especias en su obra, recogiendo las observaciones más impresionantes que atestiguan el gran valor que estas mercancías gozaron durante milenios en el Viejo Mundo.
Sobre las especias en el 'Libro de las Maravillas'
- La primera mención a las especias ocurre en el capítulo 20 del primer libro. Refiriéndose al gran comercio que se hace en las tierras del pueblo de Armenia:
“porque sabed que todas las especias y paños del Éufrates llegan a esta ciudad, y también todas las demás cosas preciosas.”

- Especias como la mostaza son protagonistas de fantásticas parábolas cristianas. Cuando el califa de Bagdad reta a los cristianos de unir dos montañas con la fuerza de su fe, lo expresa de la siguiente manera:
“Vosotros decís que un cristiano que tenga tanta fe como un grano de mostaza, por la plegaria que hiciera a su dios, conseguiría unir dos montañas.”

- Menciona múltiples veces el ajonjolí o sésamo y la extracción de su aceite. Esta especia se considera como uno de los cultivos más antiguos de la humanidad para la extracción de aceite. Dice sobre este:
“el aceite de sésamo es blando y es mejor y más sabroso que cualquier otro”

- Desde la primera mención a la pimienta se hace referencia a su lugar de origen, India. A esta última región, Polo le dedica un libro entero en su obra:
“Pero no seguiremos hacia adelante, porque si avanzáramos doce jordanas, entraríamos en la India, en los países donde crece la pimienta…”

- Uno de los usos más antiguos de las especias es en la preparación de bálsamos y ungüentos funerarios como conservantes. Los antiguos egipcios solían ungir el cuerpo de los faraones fallecidos con especias para conservarlos durante la momificación. El uso de especias con este propósito se reservaba exclusivamente a la élite, debido al alto costo de estas mercancías.
Polo atestigua este uso milenario en China, en la región de Dunhuang, cuando observa que los nativos tienen la costumbre de cubrir al muerto con “telas de seda perfumadas de azafrán, alcanfor y especias.”

- Ya en China comienza a notar cómo crecen de la tierra abundantes especias como la canela y el jengibre, junto con otros productos de lujo de la época como la seda. Dice a su paso por el río Amarillo (Huang He):
“De ella procede seda en abundancia, jengibre, chufas, nardo, y muchas otras clases de especias que no se traen a nuestras regiones.”


- En la Antigüedad, y durante gran parte de la Edad Media, las especias eran símbolo de estatus, riqueza y poder. Esto era así tanto en Europa como en Asia. Cuando Polo describe su paso por Yunan, al norte de Vietnam, observa como los pobres “van al matadero, cogen el hígado crudo […]; luego le ponen en sal y lo sazonan con ajo y lo comen al momento.” En cambio, cuando se refiere a los gentileshombres de la región observa que “comen la carne cruda […]; luego la ponen en salsa con ajo mezclada a buenas especias...”

- La ciudad de Hangzhou, conocida como una de las capitales históricas de China, ha sido desde tiempos remotos una de las ciudades más prósperas de Asia, puesto que ocupa aún hoy en día. El explorador veneciano la describe como “la ciudad más noble y mejor que hay en el mundo”. Así mismo describe la cantidad de canales, puentes, arcos, anchas calles, plazas, mercados y tiendas que conformaban la ciudad, a esta llegaban desde principios de la Edad Media comerciantes indios y árabes.

- Esto hacía de Hangzhou uno de los puertos comerciales más importantes de Asia oriental. Una de las formas en como Polo resume la riqueza de la ciudad es contando la cantidad de pimienta que se consumía. Afirma haber estudiado las cuentas de un funcionario de aduana y resume que “el día que queráis, se consumen cuarenta y tres cargas de pimienta, y cada carga pesa doscientas veintitrés libras…”, es decir, un aproximado de 4.5 toneladas diarias de pimienta.

- Cuando se refiere a la ciudad de Quanzhou, el puerto marítimo chino más importante en ese entonces, observa en todo su esplendor la magnitud del comercio de especias: “Y os aseguro que por cada nave cargada de pimienta que va a Alejandría o a otro lugar para dirigirse a tierra de cristianos, vienen más de cien a este puerto de Çaitón.”

- Todavía en China, alude a la preferencia de estos por la pimienta blanca en vez de la pimienta negra (especias provenientes de la misma planta, Piper nigrum):
“Esta pimienta blanca no crece en ninguna otra parte, y no se lleva hacia Poniente (occidente) …”

- En el tercer libro de la obra, titulado ‘Libro de la India’, a su paso por las islas de Indonesia, menciona la diversidad de especias que crecen en sus tierras:
“Esta isla es la de grandísima riqueza. Tiene pimienta, nuez moscada, nardo, galanga, cubeba, clavo y todas las especierías preciosas que se pueden encontrar en el mundo.” Recordemos que antes del siglo XV, el clavo y la nuez moscada se cultivaban únicamente en las islas Molucas y las islas de Banda, ambas al este de Indonesia.


- En el sur de la India, comenta sobre el mascado de betel, un antiguo estimulante tradicional del Sudeste Asiático a base de hojas de betel envueltas sobre nuez de areca y especias. Comenta sobre esta costumbre:
“Estas hojas están hechas de alcanfor y de otras especias con aroma dulce…”
Lo que atestigua el antiguo uso recreacional de las especias. Hoy en día, el mascado de betel, por sus componentes como la nuez de areca y el más reciente tabaco, se considera como un cancerígeno y adictivo de primer orden.


- Hacia el final del libro, después de haber recorrido el sudeste de Asia y la India, describe la importancia de Arabia en el comercio de especias hacia Europa. Señala cómo a Adén (Yemen) llegan todas las especias de la India, para de allí continuar su recorrido por el Mar Rojo, el Nilo, Alejandría y demás puertos del norte de África para dejar en manos de los venecianos, genoveses y judíos la comercialización de especias hacia el oeste y norte de Europa.


Bibliografía
Polo, M., & Armiño, M. (2018). Libro de las maravillas. Madrid: Alianza Editorial.


