Este emblemático bulbo y especia, presente hoy en las cocinas de todo el mundo, se cree que es originario de Uzbekistán, Kazajistán y el oeste de China. La planta fue domesticada en tiempos remotos y se menciona en antiguos escritos egipcios, griegos, indios y chinos. 


Se menciona en el Papiro Ebers, un antiguo tratado egipcio de medicina del 1.500 a.C. Además, se encontraron dientes de ajo en la tumba del faraón Tutankamón que data del siglo XIV a.C. En el Antiguo Egipto se alimentaba con ajo a los esclavos que realizaban trabajos pesados, como la construcción de pirámides, para fortalecerlos e incrementar su productividad.

Su uso medicinal y afrodisiaco se menciona también en el Talmud, un texto religioso judío del siglo II d.C.

En la Antigua Grecia, el ajo se asociaba a la fuerza y el trabajo duro, por lo tanto era un elemento importante de la dieta militar; a los atletas se les alimentaba con ajo antes de sus competencias en los Olímpicos para mejorar su rendimiento. El padre de la medicina, Hipócrates, alababa las propiedades sanadoras del ajo. Se han excavado dientes de ajo en palacios griegos, como el de Knossos en Creta, fechados en el 1400 a.C.

Se estima que alrededor del 2.000 a.C. el ajo se usaba ampliamente en China como parte de la dieta diaria y como conservante de alimentos. 
En el texto ayurveda Charaka-Samhita (s. II d.C.) se recomienda el ajo para el tratamiento de enfermedades cardíacas y artritis.

Se dice que el rey Enrique IV de Francia, a finales del siglo XVI y principios del XVII, fue bautizado en agua que contenía ajo para protegerlo de los espíritus malignos y de las enfermedades.
Es una de las plantas más estudiadas. Presenta propiedades anticancerígenas, antioxidantes, antitrombóticas, antimicrobianas, antifúngicas, antiartríticas, antitumorales, antidiabéticas y antihipertensivas; así como propiedades protectoras del sistema cardiovascular. 

Se compone principalmente de compuestos organosulfurados, como la alicina, presuntos responsables de los efectos beneficiosos del ajo. Así mismo, es rico en vitamina B6, hierro, calcio, fósforo, potasio.

El ajo es considerado como un protector cardiovascular, ayuda a combatir las infecciones respiratorias y las infecciones urinarias, los parásitos intestinales y las infecciones de oído. También es recomendable para aquellos pacientes que ya han desarrollado algunos tipos de cáncer.
El ajo en polvo no pierde sus propiedades al ser molido y envasado para una mejor conservación. Se puede usar mientras se cocina o al final de la preparación. El ajo va muy bien con todo (guisos, carnes, pescados, ensaladas y muchos más), es una de las especias más utilizadas a diario en varias culturas y cocinas del mundo.
El Papiro Ebers lo prescribe para las dolencias circulatorias, el malestar general y las infestaciones de insectos y parásitos.

En el Talmud se describe el consumo de ajo para el tratamiento de infección por parásitos y otros trastornos; también se menciona como afrodisiaco recomendado a parejas casadas.

Hipócrates recomendaba su uso para las afecciones pulmonares, como agente limpiador o purgante, y para crecimientos abdominales, particularmente uterinos. El famoso médico griego Dioscórides recomendaba el ajo para “limpiar” las arterias. 



En la Antigua Roma, el ajo se recomendaba para los trastornos del tracto gastrointestinal, para el tratamiento de mordeduras de animales y para el alivio de enfermedades articulares y convulsiones.



En la medicina china antigua, el ajo se prescribía para ayudar a la respiración y la digestión, así como para la diarrea y la infestación de gusanos.


En Pakistán, el extracto de ajo se toma tradicionalmente por vía oral para calmar el estómago, tratar la tos y reducir la fiebre. En India, se usa para aliviar problemas como la tos y la fiebre, o se aplica externamente para prevenir el encanecimiento del cabello y mejorar las afecciones de la piel, como el eccema y la sarna, así como para tratar el tétano y la inflamación de los pulmones.



En Nepal, el este de Asia y el Medio Oriente, se usa para tratar varias dolencias que incluyen fiebre, diabetes, reumatismo, lombrices intestinales, cólicos, flatulencia, disentería, trastornos hepáticos, tuberculosis, parálisis facial, presión arterial alta y bronquitis.


En África, el ajo se usa como antibiótico y tiene la reputación de reducir la presión arterial y el colesterol.
Tiene un sabor fuerte y ligeramente picante, cuando se deshidrata sus propiedades se concentran más.
Ajo
$13000 COP.

Cartagena – Bolivar.

(+57) 320 566 3020 - 316 528 5120

Info@spicarium.com.co

Ventas@spicarium.com.co

Términos y condiciones.

¿Necesitas ayuda?
Habla con nosotros