La cebolla (Allium cepa) pertenece al género de plantas Allium, al igual que el ajo, el puerro, el cebollín, etc. Su domesticación inició aproximadamente hace 4.000 años en el antiguo Egipto, en la antigua Mesopotamia y en la antigua Anatolia (hoy Turquía). Sin embargo, su uso es mucho más antiguo, existe evidencia arqueológica del uso de cebolla en el área del Mar Muerto hace más de 5,000 años.

Se han encontrado en tablillas babilónicas del siglo XVII a.C. recetas antiguas que indican que la cebolla junto con el ajo y el puerro formaban el eje central de la dieta mesopotámica.

Los primeros registros egipcios provienen de cebollas que aparecen talladas en las paredes de las pirámides alrededor del 2.700 a. C. También se han encontrado restos de cebollas en tumbas. El faraón Ramsés IV, que murió en el 1.160 a. C., fue sepultado con cebollas en las cuencas de sus ojos. Estas eran colocadas en las cavidades corporales de las momias, por ejemplo en las axilas, en los ojos y en pliegues de la envoltura, tal vez con la creencia de que el olor estimularía a los muertos a respirar.

Y por si fuera poco, de acuerdo a la cosmovisión egipcia, el universo estaba formado por círculos concéntricos de cielo, infierno y tierra; por esta razón encontraron en la cebolla, con sus capas de anillos, un símbolo del universo. Esta se consagraba a la diosa Isis.

Se menciona en antiguos tratados ayurvédicos que datan del 400 - 200 a.C. por lo que se infiere que su cultivo en la India es ancestral. 

En la antigua Roma, los gladiadores eran masajeados con jugo de cebolla antes de entrar a la arena con la creencia de que esta promovía la fuerza.

Durante la Edad Media, el cultivo de cebolla se generalizó en Europa, donde era una de las plantas predilectas de los jardines de los monasterios.
La cebolla posee propiedades farmacológicas antiasmáticas, anticancerígenas, antidiabéticas, antimicrobianas, antiinflamatorias, cardioprotectoras y antioxidantes; estas se deben a su contenido en ácidos fenólicos, tiosulfinatos y flavonoides. Entre estos últimos, es especialmente rica en quercetina, un buen antioxidante y cardioprotector. 

Comparada con otras frutas y verduras, la cebolla contiene de 5 a 10 veces más quercetina que el brócoli, las manzanas y los arándanos.

El sabor característico de la cebolla se debe principalmente a su contenido en compuestos sulfurados.

El consumo de cebolla reduce los niveles de azúcar y lípidos en la sangre, así como disminuye la presión arterial. El jugo de cebolla fresca tiene propiedades antibacterianas debido a los compuestos de alicina, disulfuro y cisteína y sus interacciones. 

Es una buena fuente de vitamina C, vitamina B6, potasio y cromo.
El sabor único de la cebolla se utiliza para mejorar las recetas y ayudar a realzar el sabor de los demás ingredientes. Se encuentra en la gran mayoría de las cocinas del mundo, en una infinidad de preparaciones. Su usos más comunes van desde estofados, sopas, cremas, pizzas y ensaladas. El sabor de la cebolla en polvo es dulce, lo cual le da un toque exquisito a cualquier preparación.
Sus usos medicinales tradicionales más comunes son para la presión arterial alta, cicatrización de heridas, gusanos, resfriado, inflamaciones, pérdida de apetito, infecciones fúngicas, trastornos intestinales, infertilidad y control del azúcar en sangre.

En el Papiro Ebers se cita como útil en el tratamiento de trastornos cardíacos, tumores, gusanos, mordeduras y otras dolencias.

El extracto de cebolla se utilizaba en la antigua Grecia como purificador de la sangre para atletas. Los mercaderes griegos y fenicios la consumían para prevenir el escorbuto. Además, el famoso médico griego Hipócrates, solía recetar cebolla para sanar heridas, como diurético y para combatir la neumonía. 



Comúnmente, la cebolla se toma cruda o en decocción para el tratamiento de enfermedades infecciosas. Se utilizan diversas preparaciones de uso interno y externo para aliviar dolencias digestivas, dermatológicas, metabólicas, picaduras de insectos, entre otras. 

En Sudamerica, la infusión y la decocción de cebolla se utiliza en casos de diabetes, asma, bronquitis, como expectorante, gripa, tos y mordeduras de serpientes. 


También hay evidencia del uso de cebollas como repelente de insectos durante la dinastía Han (206 a. C.-220 d. C.) en China.

Actúa como estimulante, diurético y expectorante y, mezclado con vinagre, es útil en caso de dolor de garganta.
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