El término chile proviene del náhuatl chilli o xilli para referirse a los frutos de las plantas del género capsicum. En Sudamérica, los arahuacos, grupo cultural del Caribe, la llamaban ají o axi, término que adoptaron los hispanos y usan desde la época colonial hasta la actualidad.

Se le conoce también a algunas variedades como pimienta o pimiento debido a que en muchos escritos en español del siglo XVI lo llaman “pimienta de las Indias”, sin embargo no tiene ninguna relación con las pimientas negra, blanca y verde de la familia de las piperáceas.

Todas las especies del género Capsicum son originarias de América. El género comprende más de 200 variedades y los frutos varían ampliamente en tamaño, forma, sabor y pungencia (picor). Hasta el momento se han descrito 25 - 30 especies, de las cuales solo 5 se han domesticado. 
Respecto a su procedencia, una de las hipótesis más aceptadas sugiere que una porción importante del género Capsicum se originó en un “área núcleo” en Bolivia surcentral, con la subsiguiente migración a los Andes y las tierras bajas de la Amazonia.

Evidencias arqueológicas han permitido estimar que este producto fue cultivado desde el año 7000 al 2555 a. C. en las regiones de Puebla y Tamaulipas; se especula que pudo haber sido el primer cultivo domesticado en Mesoamérica. 

En esta zona geográfica el chile o ají ha sido una constante cultural que identifica a los nativos; por miles de años se ha utilizado como alimento, como medicina, como elemento ritual, tributo y hasta como arma de defensa. Los pueblos prehispánicos solían utilizar el humo de los chiles como defensa para ahogar y posteriormente matar a sus enemigos.


A partir de la conquista española de América sus frutos lograron expandirse rápidamente alrededor del globo, alcanzando una alta importancia económica y cultural en países tan distantes como Turquía, España, Hungría, India, China, etc. De hecho, el término paprika, para referirse al chile en polvo, es una variación de la palabra búlgara piperka, la cual es una adaptación del latín piper.

El fraile, cronista y defensor de los nativos americanos Bartolomé de las Casas comentó en el siglo XVI que “sin el chile, los mexicanos no creen que están comiendo…”; hecho que también el explorador y naturalista Alexander von Humboldt resaltaría en sus escritos a su paso por México en el siglo XIX.
Posee propiedades anticancerígenas, antioxidantes, antiinflamatorias, analgésicas, antimicrobianas, anticonvulsivas, cardioprotectoras, estimuladoras del apetito y sedantes. Estas se deben a su contenido en capsaicinoides, carotenoides, flavonoides como quercetina y luteolina. 



También son ricos en minerales como potasio, hierro, calcio, magnesio, entre otros.

Aunque los compuestos de cada chile varían según la especie, en general estos frutos son buena fuente de vitamina C, E y provitamina A. De hecho, se encuentran entre las mejores fuentes de vitamina C en la dieta humana.

Entre sus componentes principales se encuentran los alcaloides capsaicina y dihidrocapsaicina, denominados capsaicinoides, así como los carotenoides capsantina y capsorrubina. Los dos primeros son responsables de la pungencia, y los otros dos provocan la coloración naranja o rojiza de los frutos.

La capsaicina, por su actividad analgésica y antiinflamatoria, ha sido utilizada en la práctica clínica. Además se le atribuyen propiedades antioxidantes y anticancerígenas. Se suele emplear de forma tópica para curar dolores musculoesqueléticos, complicaciones diabéticas y dolores crónicos. El área curada se vuelve menos sensible al dolor luego de aplicaciones recurrentes. 


Se conocen más de 20 capsaicinoides diferentes; sin embargo, la capsaicina y la dihidrocapsaicina son responsables del 90% de la pungencia de los chiles.

Existe un mito de que las personas que sufren de gastritis, reflujo ácido o acidez estomacal no deben consumir ají porque puede empeorar la enfermedad, pero lo cierto es que, según un estudio en varios pacientes que presentaban acidez estomacal, se les suministró a diario 2,5g de chiles, el dolor empeoró al inicio, pero mejoró bastante con el tiempo (Bortolotti, Coccia, Grossi & Miglioli, 2002).
Pueden ser utilizados como colorante, para brindar sabor a las comidas y como vegetales. El capsicum más utilizado en la cocina es la paprika, ya sea dulce o ahumada; el pimentón dulce como vegetal para ensaladas, salsas y rellenos, este último típico de la gastronomía mexicana. Los chiles picantes frescos se utilizan para salsas, pastas, enchiladas, caldos, moles, sopas, vegetales salteados, carnes, pescados, arroces y curry. Los chiles en polvo se utilizan como condimento para agregar al final de la preparación y resaltar el sabor de los platillos.
En las crónicas españolas de la conquista se informa que los aztecas y los mayas comían chile con casi todo. Notaron que preparaban atole de maíz con chile para curar resfriados, fortalecer el cuerpo y aliviar la depresión. 



Mayas y aztecas utilizaban los chiles picantes y no picantes para el tratamiento del asma y la tos, para aliviar dolores de garganta y de muelas. Desde la Antigüedad se utiliza el chile en la medicina indígena como afrodisiaco, en forma de rapés de importancia ritual. También se preparaba una bebida amorosa a base de cacao, chiles, maíz, pimienta de olor, vainilla y achiote conocida como atextli.

Según el Ayurveda (el sistema médico tradicional de la India), el chile tiene muchas propiedades medicinales, como estimulante de la buena digestión y las endorfinas, un analgésico natural para aliviar el dolor.


En las costumbres terapéuticas de la India, América y China se utilizan para el tratamiento del acné, la inflamación de las articulaciones y la indigestión.

Se han utilizado tradicionalmente para curar los dolores de muelas, la neuralgia y el reumatismo. Así mismo, se emplean para activar las actividades gástricas y provocar un aumento de la circulación sanguínea.

Se emplean para tratar hiperglucemia, presión arterial, bronquitis y síndrome de pies ardientes; para aumentar la circulación sanguínea; para aliviar el malestar reumático; para curar heridas; para disminuir los coágulos de sangre; y para ayudar a la digestión acelerando el flujo de saliva y jugos gástricos.
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