Se cree que es nativo del sur de China. De allí, el comercio lo llevaría a través de los importantes puertos chinos como Quanzhou al Sudeste asiático hasta llegar al subcontinente indio. La especia proviene del rizoma (tallo subterráneo) de la planta Zingiber officinale, perteneciente a la familia de las zingiberáceas, la cual integra también la cúrcuma, el cardamomo, la galanga, entre otras.

Una de las referencias más antiguas al jengibre se encuentra en las Analectas de Confucio, en el que se menciona que nunca le faltaba el jengibre en la mesa.


Las civilizaciones griegas y romanas conocían bien esta especia oriental. El famoso médico y botánico griego Dioscórides (c. 40 - 90 d.C.) resalta las propiedades medicinales del jengibre en su obra De Materia Medica. Así mismo, el naturalista romano Plinio el Viejo menciona al jengibre como medicina en su Historia Natural (s. I d.C.).


Durante gran parte de la Edad Media, el jengibre fue una de las especias indispensables en las mesas de la nobleza junto con la pimienta, el clavo y el cardamomo. Al igual que estas últimas, era símbolo de poder y riqueza; y se utilizaba sin escatimar tanto en salsas picantes, dulces y panes como para conservar y aromatizar vinos y cervezas. El jengibre era un ingrediente esencial para el famoso vino medieval llamado hipocrás, tomado en invierno, se acompañaba con especias y miel.

En esta época era común que las relaciones diplomáticas entre reinos se elogiaran con regalos consistentes en especias, entre ellas el jengibre. Así mismo se encontraba entre los más codiciados afrodisíacos, figurando en textos canónicos de autoridades como Hildegard Von Bingen, Constantino el Africano y el jeque árabe Al-Nafzawi. 



El jengibre se menciona en la sura 76 del Corán, del cual dice que se servirá en forma de vino en el paraíso.


En el siglo XIII, el explorador y mercader Marco Polo menciona la increíble abundancia de jengibre a su paso por el río Amarillo en China. 



Si bien es una de las especias más fáciles de transplantar y de cultivar, durante gran parte de la historia solo se consumía fresca en su lugar de origen, gran parte del jengibre que llegaba a Europa y Medio Oriente era deshidratado y en polvo. Hoy en día se cultiva prácticamente en todo el mundo, donde la mayoría de culturas lo han adoptado en sus medicinas tradicionales y su gastronomía. Aún así, los mayores productores siguen siendo China e India, con más del 50% de la producción mundial (Mbaveng & Kuete, 2017).
Posee propiedades antimicrobianas, analgésicas, antiinflamatorias, antidiabéticas, antitumorales, anticancerígenas, antidepresivas, antihipertensivas, hepatoprotectoras, nefroprotectoras (mejora las funciones renales), neuroprotectoras y antioxidantes.

El sabor y el aroma del jengibre se debe a los compuestos activos shogaol, zingerona, gingerol y paradol. A estos se les atribuyen las propiedades farmacológicas del jengibre. 


Es rico en minerales como hierro, potasio, magnesio, calcio, manganeso, fósforo, entre otros; así como en vitamina C (Shahrajabian, Sun & Cheng, 2019).


Se ha encontrado que el jengibre funciona contra la tolerancia y la dependencia de morfina (Darvishzadeh-Mahani, Esmaeili-Mahani, Komeili, Sheibani & Zare, 2012).



Se ha demostrado en estudios que la potente capacidad antiinflamatoria del jengibre se compara a la de la aspirina (Mascolo, Jain, Jain & Capasso, 1989). 



Diversos compuestos del jengibre, como el gingerol, han demostrado un potente efecto antiplaquetario mayor que la aspirina. Así mismo, derivados del gingerol han presentado efectos hepatoprotectores comparables a la tradicional silimarina (Mbaveng & Kuete, 2017). 



El jengibre se considera un antiemético, es decir que reduce las náuseas y los vómitos.


En recientes estudios se han demostrado los efectos antidepresivos del jengibre. Se ha encontrado que el compuesto dehidrozingerona (DHZ) inhibe las enzimas MAO (Moorkoth et al., 2021).
En Asia, el jengibre se utiliza mayormente fresco para la preparación de platos salados; excepto para los masalas y demás mezclas de especias en los que se emplea deshidratado.



En Japón, son famosos los encurtidos de jengibre. Una de las versiones más conocidas se llama gari, que consiste en láminas finas del rizoma joven de jengibre encurtidas en azúcar y vinagre. Este se come, junto con sushi y pescados crudos, tanto para limpiar el paladar entre platos como por sus propiedades antimicrobianas. También se utiliza rallado en salsas para acompañar tempuras, en aderezos y comidas fritas y a la parrilla. 



En China se utiliza para la preparación de pescados, mariscos, aves y carne para neutralizar los olores a pescado y carne. 



En Corea es popular el jengibre en muchos platos, en especial para dar sabor y aroma al kimchi, fermentado tradicional de la región.

En la India, muchos platos se basan en una pasta de jengibre y ajo. Con esta se aromatiza el aceite antes de cocinar carnes y vegetales. 


En Occidente se utiliza en su mayoría para la elaboración de panes, galletas, tortas, postres, bebidas, cervezas y vino. Así como para carnes, aves, pescados y platos de verduras. Para repostería, panadería y pastelería es esencial el jengibre en polvo. Los rizomas deshidratados son especiales para encurtidos. 



En Francia se utiliza el jengibre en polvo junto con clavo de olor, nuez moscada y pimienta para cerdos, carnes, cuscús, panes especiados, entre otros. A esta mezcla se le conoce como Quatre-epices.
Desde tiempos antiguos se ha utilizado en la medicina tradicional China, Ayurveda, Árabe y africana en casos de gripes, fiebres, dolores de garganta, reumatismo, bronquitis; como carminativo y estimulante del apetito, para problemas digestivos, náuseas y vómitos (Mbaveng & Kuete, 2017). 


El jengibre en polvo se utiliza contra la dismenorrea (cólicos y dolores asociados a la menstruación); se toma una cucharadita en agua caliente después de cada comida.


En la medicina tradicional persa, el jengibre se utiliza para tratar náuseas, diarrea y dolor muscular provocados por la abstinencia de opioides (Darvishzadeh-Mahani, Esmaeili-Mahani, Komeili, Sheibani & Zare, 2012). 



En la medicina Unani y Ayurveda, se utiliza para el tratamiento de afecciones neurológicas como algunos tipos de migrañas y epilepsia (Mustafa & Srivastava, 1990).

En Birmania es típica la combinación de jugo de palmera y jengibre para aliviar la gripa y como digestivo.


En el Congo y el oeste africano, se bebe el jugo de mango con jengibre, este se conoce como tangawisi, se considera como panacea (remedio universal), digestivo y afrodisiaco.

En la medicina tradicional China se utiliza contra los cólicos, enfermedades cardiovasculares, como estimulante y para el tratamiento de trastornos mentales como demencia y depresión. Una fórmula herbal china famosa es el Banxia houpo tang, utilizada para desequilibrios emocionales y mentales, entre sus ingredientes principales se encuentra el rizoma de jengibre.
El jengibre deshidratado posee un aroma cálido, con notas cítricas, a pimienta y ligeramente dulces.
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