La especia proviene del fruto de una orquídea nativa de México, la Vanilla planifolia, perteneciente al género de orquídeas Vanilla, que comprende más de 100 especies; aproximadamente la mitad son originarias de América tropical. De estas, la Vanilla planifolia es la variedad más comercial, junto con la V. tahitensis y la V. pompona. El fruto de la orquídea es verde, este debe pasar por un proceso de ‘curado’ para obtener su característico color negro y su inconfundible fragancia.

El fruto inmaduro tiene forma de vaina, razón por la cual los españoles, al conocerla en América, la llamaron vainilla (Paredes López et al, 2006).

Actualmente, su sabor es uno de los más populares del mundo, aunque hace más de 500 años solo se conocía en América, donde las tribus indígenas desde México hasta Brasil la utilizaban para múltiples funciones. 

En la Mesoamérica prehispánica, la vainilla se empleaba como medicina, como tributo, fragancia, aromatizante de la bebida ritual de cacao, afrodisíaco, entre otros.

Para el 1.500 a.C. ya se utilizaba y comerciaba a través de las rutas comerciales que conectaban las diversas culturas mesoamericanas (mayas, olmecas, totonacas, etc.), sobre todo en las tribus costeras. Se cree que los Olmeca, la cultura madre de México, fueron los primeros en domesticar el cacao, consecuentemente saborizándolo con vainilla, al igual que el atole, otra bebida prehispánica a base de maíz.


La vainilla, el cacao y el achiote, conformaban una tríada cultural extendida en diversas culturas mesoamericanas; las tres especias, junto con el maíz, eran los ingredientes básicos del xocolatl, bebida prehispánica que amenizaba las reuniones políticas y de la nobleza maya, azteca, entre otras.

Para finales del siglo XVIII, el estado mexicano de Veracruz, tierra de totonacas, era el primer y mayor exportador de vainilla del mundo; puesto que ocuparía hasta casi 100 años, luego de que en las colonias europeas se descubriera una forma de polinización manual que aplicarían en islas como Madagascar y La Reunión. En cambio, la producción mexicana dependía de la polinización natural de las flores a cargo de unas abejas endémicas de la región. Esto conllevaría a que las colonias europeas superaran ampliamente a México como principal productor.

Se dice que la vainilla se llevó por primera vez a Europa en el regreso del cuarto viaje de Colón a América. Esta no fructificaba debido a la ausencia de su polinizador natural, la abeja nativa. Fue Edmond Albius, esclavo nacido en La Reunión, territorio de ultramar francés, quien perfeccionaría la polinización manual de la vainilla. Su técnica hizo ganar fortunas a los terratenientes mientras él moriría en la miseria en 1880.

Hoy en día, Madagascar es uno de los mayores productores. A pesar de esto, México continua siendo el centro de origen y de diversidad genética de esta importante orquídea. Papantla, Veracruz, “la ciudad que perfumó el mundo”, es el pueblo por excelencia de la especia, además de ser el mayor productor del estado, concentra una gran población indígena totonaca que culturalmente preserva el conocimiento del cultivo y uso de la vainilla.

En maya se conoce como zizbic, en totonaca se conoce como xanat, luego los aztecas la llamarían tlilxochitl (flor negra).

Cuenta la leyenda totonaca que la vainilla surge de los cuerpos sacrificados de una reina y un rey que teniendo amores prohibidos fueron descubiertos por los sacerdotes mayores.
A pesar de su popularidad, los estudios acerca de las propiedades medicinales y la farmacología de la vainilla son limitados.

Los estudios se han concentrado en la vainillina, el compuesto aromático responsable del aroma particular de la especia; este compuesto se sintetiza en laboratorios para realizar la popular esencia de vainilla.

Se han estudiado las propiedades antioxidantes, antidepresivas, anticancerígenas, antiinflamatorias, hepatoprotectoras y neuroprotectoras de la vainillina.

Se le atribuyen propiedades febrífugas (reduce la fiebre), estimulantes, digestivas, antisépticas y afrodisíacas (De La Rua, 2000). 



A pesar de que la vainillina es la más estudiada, se han encontrado más de 150 compuestos en las vainas de vainilla curadas. La proporción de compuestos en las vainas depende sobretodo de la ubicación geográfica del cultivo, lo cual hace que las propiedades organolépticas de cada vainilla sean únicas.
Su principal uso es aromatizar diferentes alimentos como licores, chocolates, dulces, tabacos, helados, en panadería y repostería. 



La vainilla en vaina es muy fácil de utilizar. Se debe cortar a lo largo con un cuchillo de cocina y raspar las diminutas semillas, estas son las que contienen todo el sabor y el aroma. Con esta técnica se preparan tartas, flanes, confitados, ensaladas, risottos, crème brûlée, panna cotta, helados, galletas, entre muchas más preparaciones.

Se puede aromatizar el azúcar colocando una vaina de vainilla en un recipiente bien cerrado.
La vainilla constituía un importante remedio en la farmacopea prehispánica de Mesoamérica. Los aztecas la utilizaban para fortalecer el estómago, como carminativo (expulsar los gases) y afrodisíaco. También se utilizaban las vainas de vainilla molidas para tratar desórdenes estomacales y respiratorios.

En la medicina tradicional mesoamericana, la vainilla mezclada con cacao se utilizaba para enfermedades de riñón, vejiga, tos, fiebre, para aliviar los dolores de la menstruación, acelerar el parto, para curar tumores y fortalecer el cerebro (Paredes López et al, 2006).

Hoy en día, en los estados de Hidalgo y Veracruz se sigue utilizando para curar la fiebre y aliviar los dolores menstruales.

Tal vez uno de sus usos rituales más importantes haya sido saborizar y aromatizar el xocolatl, una bebida a base de cacao, maíz, achiote, pimienta de olor y vainilla que se consumía en reuniones políticas y entre la élite de las civilizaciones mesoamericanas. Según el famoso etnofarmacólogo Christian Rätsch, esta bebida posee efectos vivificantes y tónicos.

Era utilizada por diversas culturas prehispánicas americanas, desde México hasta Colombia, por sus propiedades mágico-protectoras. 



Se ha documentado que la vainilla era utilizada por las tribus Siona y Secoya, en el departamento del Putumayo, Colombia, en grandes collares con significado religioso y ritual; se supone que el aroma de la vainilla tenía connotaciones mágicas protectoras. Esta misma práctica se documentó entre los aztecas, lo cual se menciona en el Códice Badiano.

El fraile Bernardino de Sahagún comentaba que el xocolatl con vainilla se utilizaba para curar la tos.

Según el médico y botánico español Francisco Hernández (1514 - 1587), la decocción de vainas de vainilla es diurética, fortalece el estómago, disminuye la flatulencia, da fuerza y vigor a la mente, cura los problemas femeninos, y es buena contra los venenos de animales.

En homeopatía la tintura madre se utiliza como afrodisíaco y tónico cerebral (Rätsch, 1995).

En preparaciones para uso interno, relaja y beneficia el sistema nervioso (De La Rua, 2000).
Dependiendo del origen de la vainilla y el proceso de curado, las notas aromáticas pueden ser desde anisadas, caramelizadas, achocolatadas, cremosas hasta ahumadas, pungentes, afrutadas, amaderadas, entre otras.
Vainilla en vaina
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